Busqueda

domingo, 16 de marzo de 2008

Desde Mi Memoria

En la calle Los Vicentes, haciendo esquina con Plaza de Carmen Abela, existía en el año 1948, una casa de dos plantas. En el piso habitaban dos conocidas familias rondeñas, y en el bajo, por la plaza, estaba instalada una sastrería, por calle Los Vicentes, una carpintería en el patio y en el zaguán, a la derecha, había una habitación de pocos metros, donde se ubicó por unos años, un modestísimo taller de impresión, que fue fundado en 1945 en calle Los Remedios.

Viene este recuerdo a mi memoria, porque fue allí, en la Imprenta Ronda Gráfica, donde se forjó la Hermandad de María Santísima en la Soledad. Allí se desarrolló la idea de que el Viernes Santo rondeño, tuviese una nueva cofradía de pasión y pensaron que esta podía ser La Soledad.

Cristóbal González, los hermanos Bartolomé y Manuel Galindo, Salvador Velasco, Antonio Morales, Miguel Palma, Antonio Rosillo, Antonio Lobato, Juan García, Rafael Aguilera Rafael Tirado, y otros, fueron los artífices del proyecto.

Ni que decir tiene, la austeridad de aquéllos duros años por la total falta de me­ dios económicos. No se contaba más que con su fuerza de voluntad, que les Nevó a llamar a todas las puertas, hablar con quien pudiera intervenir ante la autoridad eclesiástica, para que la cofradía tuviese su iglesia y faltaba la Imagen y los enseres que se necesitaban y de los que no se tenía nada.

Después de la negativa de que esta Herman­dad fuese ubicada en la iglesia del Socorro -que se estaba reconstruyendo‑, tras la intervención de Antonio Lobato, se recibió la conformidad de las Carmelitas Mercedarias que fueron el pilar fundarnental de la iniciación de la Hermandad. Aportaron la iglesia y también la imagen de Ntra. Sra. de la Merced, que procesionó por las calles de Ronda, en los primeros años de vida de la cofradía.

Solucionados estos dos importantes escollos, se necesitaban: trono, túnicas cirios y demás útiles para poder hacer el desfile, hubo que pedirlos prestados. De esta forma, el Viernes Santo de 1949, a las once de la noche, bellamente exornado el trono por Pedro <> y superando por primera vez la dificultad de la escalinata de la portada de la iglesia de la Merced, se salió a desfilar, sin importarles a sus hermanos no llevar la túnica negra y el cíngulo blanco, que era el uniforme con el que a partir del siguiente año se desfilaría.

Aquélla noche, fue de mucha emotividad, se vio cumplida la gran idea; la fe, la voluntad y la tenacidad de aquellos hombres modestos, había dado su fruto, su Hermandad de María Santísima en la Soledad, lucía su paso por las calle de Ronda. A partir de este viernes, la Semana Santa rondeña, tenía una nueva cofradía de Pasión.

Por ello, en la celebración del cincuentenario, creo que es un deber y un acto de agradecimiento recordar el lugar donde se discutió hasta hacer realidad el proyecto, y a las personas que con su aportación de ideas y sacrificios, consiguieron que esta ilusión se llevase a cabo.

Juan Galindo Carrascosa
Leer noticia completa...

Pensamiento Cofrade

Mi vocación cofrade se despertó a muy temprana edad, alrededor de los 10 años, surgiendo anecdóticamente como un juego de niños que consistía en salir de penitente en una procesión. Inimaginable fue para mí pensar en aquel momento, que desde entonces hasta el día de hoy, pasaría a pertenecer de un modo muy especial y sentido a mi única Hermandad, María Santísima de la Soledad, mi cofradía.

Aún recuerdo emocionado aquel día en que me fue entregada en la calle Los Vicentes por "Pedro el de las Esclavas" mi primera túnica, a partir de entonces surgió en lo más profundo de mi corazón la necesidad de acudir a la cita obligada de los Viernes Santos a las 11 de la noche, para acompañar a "mi Virgen".

A ello se unió el entusiasmo, la ilusión que casi sin querer me inculcó un vecino mío de la calle Cruz Verde donde yo nací, y que era ya entonces hermano horquillero.

Durante 6 años aproximadamente, acompañé a "mi Soledad" con la luz de un pequeño cirio, hasta que un Viernes Santo, el entonces Capataz de paso Luis Avilés, me sugirió cortar el capirote para así poder llevar a mi Titular, que era en mi interior lo que realmente deseaba.

Y así fue como con 17 años contraí el peculiar y serio compromiso de llevar sobre mis hombros a esa incomparable imagen, que ha inspirado en mi interior tantos sentimientos de honda emoción, que nunca podré describir. Desde entonces y hasta el año 1996, fui afortunado hermano horquillero, llegando incluso a ser el hermano más antiguo del paso. Hoy puedo confesar que es un peso mucho más duro de soportar el no poder cubrirme con su manto cada Viernes Santo por motivos de salud, teniendo que conformarme con acompañarla, como en un principio hacía.

Recuerdo como algo anecdótico, hace ahora 20 años, que por la inclemencia del tiempo salimos en procesión el Sábado Santo a las 4 de la tarde. Así, con el contraste de la luz del día, las calles rondeñas pudieron contemplar a una dolorosa "desconsolada" que retrasó su salida y a la que la luz del sol, de forma no habitual, compadecía en su lento caminar.

No puedo obviar en estas líneas, lo que siento por "mi Soledad", esta imagen de talla sevillana que con gran maestría realizó el imaginero D. Sebastián Santos, quien supo plasmar en ella, en esos ojos imperturbables que siempre miran al frente desconsolados, la gran tristeza que a todos nos embarga cuando nos dejamos contemplar por ellos. Y es así cada Viernes Santo, cuando asoma tímidamente por esa justa y estrecha portada de piedra de la Iglesia de la Merced, cuando los horquilleros con no poca escasez de dificultades y esfuerzos la bajan por las escalinatas, con tanto mimo y esmero, que el silencio que ella misma representa, queda roto por la presencia y el apoyo de innumerables rondeños que la aguardan expectantes y pacientes. Y a partir de ahí, comienza su lento y acompasado caminar, a través de una multitud callada y silenciosa, ante el dolor de sus lágrimas y el sordo sonido de un tambor que remata la sobriedad tan característica de ésta, de mi Hermandad.

Una Hermandad que, en mi opinión, ha experimentado al cabo de los años una evolución tanto cristiana como cofrade, latente no sólo el día en que culmina nuestra permanente labor, sino a lo largo de todo un año repleto de actos y celebraciones, encaminados a enriquecer el espíritu cristiano que debe guiar lo fines de nuestra Hermandad y que realzan la figura de nuestra Titular. La celebración de éste cincuentenario es prueba manifiesta de lo dicho, lo cual es más que loable.

Quiero en este punto hacer un alto en el camino, no por ello desmereciendo la labor de tantos y tantos hermanos para recordar en especial a uno de ellos, Antonio Cabello, que fue hermano de fila, de paso, fiscal, capataz de paso y por último Hermano Mayor y que con la ayuda de su junta, supo introducir nuevos y prometedores proyectos en la Hermandad, que tras unos años se han hecho realidad e incluso han sido superados por el actual Hermano mayor, Manuel Gazaba Gil, que sigue actualmente en el empeño de conseguir, con la ayuda incondicional de todos los hermanos, el máximo esplendor para nuestra Titular.

Entre mis líneas, no cabe olvidar la labor callada que realizan en esta Hermandad las Hermanas Carmelitas, quienes desde siempre nos han brindado su apoyo incondicional para todo lo que hiciera falta. Por ello y desde aquí, les doy sinceramente las gracias.

Para terminar en mi esfera personal, tengo que decir que estoy orgulloso de que ese sentimiento cofrade que poseo, se haya ido transmitiendo de una generación a otra, lo que en mi caso puedo decir que ya va por la tercera generación con mis hijos, y que ojalá continúe.

Por ello, animo a la junta de Gobierno a que fomente entre la juventud cofrade, todos aquellos valores que nos movieron a nosotros a trabajar por la Hermandad y por María Santísima en la Soledad.


Juan del Pino Terroba.
Leer noticia completa...

Testimonio de Fiscal

Con este sencillo artículo sólo pretendo rendir un pequeño y sincero agradecimiento a todas aquellas personas que han prestado su ayuda para que mi labor como fiscal, durante esta etapa, fuera de una manera más fácil, contribuyendo a que esta Hermandad pudiera salir en su desfile procesional de la forma más digna y honrosa posible.

También me gustaría contar de una forma breve cuales han sido mis experiencias en los distintos años. Recuerdo que el primer año, la noche del desfile, cuando estaba en la Iglesia y me encontré con todos los nazarenos, fue un momento muy emotivo cuando me dirigí por primera vez a los penitentes. Después, durante el desfile procesional, me di verdadera cuenta de la importancia que tenía el recorrido penitencial, cuando hubo que afrontar las primeras vicisitudes.

Otro de los hechos que recuerdo con más cariño, es el apoyo y las ganas de colaborar que la juventud de esta Hermandad siempre ha demostrado. Una de las pretensiones que siempre he tenido era la de ilusionar a la juventud para que en un futuro no muy lejano ellos continúen la labor que nosotros hacemos. Mi recompensa ha sido, poder ver como la mayoría de ellos estaban conmigo sólo unos años porque rápidamente pasaban a ser hermanos horquilleros, cosa que por un lado me llenaba de satisfacción, por ver que sentían a nuestra Virgen y que por otro, egoístamente, me abandonaban unos tras otros, teniendo que reorganizarlo todo año tras año.

Una de las experiencias más tristes por la que tuve que pasar fue en el año 1996 cuando, debido a la lluvia, no pudimos realizar el acto penitencial por las calles de Ronda. Especialmente duro fue el tener que dirigirme a los nazarenos para comunicarles tan difícil decisión, dándome realmente cuenta de lo que significa para ellos esta Hermandad. A este hecho se le unía la gran ilusión que todos teníamos por mostrar a nuestra Titular la nueva Casa de Hermandad por la que tanto se había luchado, y que tuvo que esperar un año más.

Ya para despedirme, sólo quiero agradecerle a todas las personas, que de una o de otra manera me han ayudado, y que no voy a nombrar porque seguro que se me olvidará alguien y no es esa mi intención, les deseo la mayor de las suertes a mí sucesor, y aunque no haga falta decirlo, comunicarle que cuenta con todo mi apoyo. Sólo me cabe pedir a aquellos que me ayudaron, que lo sigan haciendo con toda la ilusión con la que me ayudaron a mí.

Gracias.

José Luis García Orozco
Fiscal desde 1989 hasta 1997
Leer noticia completa...

Trayectoria de un Nazareno

A mis sesenta años me pongo a recordar lo que ha sido nuestra Hermandad para mí.

Desde muy pequeño, y siempre de la mano de mis padres, viví lo que era la Semana Santa. Muy pronto mi ilusión fue participar en su recorrido por las calles de Ronda.

Mis principios fueron de monaguillo, después pasé a hermano de fila, con sólo mi vela como muchos más; hasta que me llegó la túnica ‑no os podéis figurar lo que yo sentí‑. Pero duró poco tiempo, pues debido a la enfermedad de mi padre, muy joven ocupé su sitio en el trono y fui lo que todos queremos ser: Horquillero. Fueron muchos años en los cuales ya participaba como vocal en la junta de Gobierno. Pero hay que decir que, incluso poniendo todo mi afán, las reuniones, donde nunca acudíamos más de cuatro, no me las tenía muy claras. Al llegar la semana que todos esperábamos, ya estaba todo hecho, y yo me preguntaba cuál era mi participación. Un día, se presenta el Hermano Mayor diciéndome que yo tenía que ser Capataz de Paso. Mi confusión fue mayúscula, pero con todos mis temores lo fui. Desde aquel momento ya fue mi mayor participación y mi ilusión en tan querida Hermandad.

Vinieron peores tiempos y se fue enfriando la convivencia de la Hermandad llegando el momento, como no podía ser de otra forma, de la dimisión de toda la junta. Faltaban tan sólo cuarenta días para nuestra Semana Mayor, por lo que fue una gran sorpresa para propios y extraños. Desde aquellos momentos las prisas de un grupo de hermanos fueron enormes, pues no imaginamos nunca que aquel año podíamos quedarnos sin sacar en procesión a nuestra titular como de costumbre. Tras continuas reuniones, decidimos una junta de emergencia. Celebrar los Cultos y salir, no lo quiero ni recordar.

Al fin lo conseguimos y pasada la Semana Santa y los agobios, me puse a recordar pasado y presente, dándome cuenta de que no fue fruto de la suerte, que mis muchos años de convivencia en hermandad estaban dando sus frutos. También comprendí que una Hermandad no es cosa de tres personas, ya lo tenía yo muy claro, lo primero era formalizar una junta de personas responsables con la única misión de trabajar y trabajar... Pues no consiste sólo en salir el día que corresponde; una Hermandad es mucho más. Una Hermandad conlleva obras sociales, ayuda al que lo necesita y además debe procesionar decorosamente, lo cual no es tarea fácil.

María Santísima en la Soledad nos iluminó y poco a poco fuimos superándolo y llevando a cabo lo que queríamos, paso a paso, pero sin descanso. De todas formas no fue un camino de rosas, y como en nuestras desavenencias no hablaba tal o cual sino cada uno según el cargo que desempeñaba, al término de las reuniones todos tan contentos ‑misión cumplida‑. A pesar de ello y contra nuestra voluntad fueron cayendo hermanos, que comprendieron su falta de constancia en momentos determinados y con los cuales hoy seguimos siendo si cabe, más amigos.

Pasados los años sigo creyendo que tenemos que seguir haciendo Hermandad, pero Una para Todos, y tenemos muchos medios para hacerla. Fijaos en "los romeros" que año tras año se van al campo para recoger el romero para nosotros y los demás; después comen, beben y se gastan bromas y ríen hasta la saciedad, eso es Hermandad. No quiero cubrir el espacio que tengo sin recordar a todos los que hicieron posible que llegáramos a los ochenta. También dar las gracias a los que en mis tres legislaturas como Hermano Mayor hicieron posible muchas cosas con su apoyo y mucho trabajo, pues de ahí partió el que la Hermandad ocupe hoy, el sitio donde tiene que estar. Como os daréis cuenta, no doy fechas ni nombres, ya que tengo la seguridad de que ni las fechas serían exactas, ni los nombres, y no quisiera olvidar a nadie.

Sí, me gustaría dejar patente mi reconocimiento a las Hermanas Carmelitas y a nuestro querido y desaparecido Don José Parra. Posiblemente continuaría escribiendo una vez puesto, pero no creo que el espacio lo permita.

Para concluir quisiera que, desde nuestra fe, nunca permitamos que nuestra Soledad esté sola.



Antonio Cabello Ruiz, un hermano.
Leer noticia completa...

Carta de la Camarera

Mi vida está marcada por el recuerdo que tengo de mi infancia, con la llegada a Ronda y a casa de mis padres de la imagen de la Virgen. Mis padres acordaron con Sebastián Santos Rojas, prestigioso tallista de primer orden de la imaginería sevillana, escultor entre otros de las conocidísimas cofradías de San Bernardo, Virgen del Refugio, la de la Hermandad de la Pasión, Virgen de la Merced y la Virgen de la Concepción de la cofradía del Silencio, la realización de una imagen de María Santísima en la Soledad para hacer donación de ella a la Hermandad como titular de la misma, ya que esta no contaba con imagen propia. Es una Virgen bellísima de candelero, que como sabemos, indica que es una talla de busto y manos, y mide 175 centímetros de altura. Recuerdo los días de víspera de la llegada de la Santísima Virgen. Todo eran preparativos y una mezcla de curiosidad e impaciencia por tenerla entre nosotros, lo cual suponía un gran honor para todos. El día de su llegada desde Sevilla en octubre de 1952, estábamos en casa esperándola mis padres y abuela, así como la Junta de Gobierno de la Hermandad en pleno, y es de imaginar las caras de asombro de todos al contemplar la maravilla de Virgen que ya teníamos ente nosotros para siempre. Era guapa, fina, dolorosa, natural, madre, era Soledad. Mi padre, Fernando González G. de las Cortinas fue nombrado Hermano Mayor de Honor el 1 de junio de 1952, y mi madre Consuelo Caballero, Camarera de la Virgen el día 19 de octubre de 1952, siendo el director espiritual de la Hermandad el Vicario Arcpte. Rvdo. Don Rafael Jiménez Cárdenas. Las Madres Carmelitas le habían hecho un vestido para su traslado de Sevilla a Ronda y en días sucesivos a su llegada fueron preparándole en mi casa toda la indumentaria necesaria para su presentación oficial en la iglesia de la Merced.

Uno de los vestidos, destinados para la salida procesional, era de terciopelo negro así como el manto traído de Barcelona, y lo confeccionó la modista Josefa Medrano. Los vestidos eran todos muy sencillos y austeros. La corona era un aro plateado con doce estrellas, y el puñal también de plata repujado en Córdoba. Fue trasladada definitivamente a la iglesia de la Merced, Convento de las Madres Carmelitas Descalzas, donde con tanto amor cuidan de ella y recibe culto como titular de la Hermandad. El día 24 de enero de 1953 se celebró su bendición y se le tributaron los primeros cultos con un septenario a cargo del P. Dominico del convento de Córdoba D. Francisco J. Moreno. Tenemos que agradecer a la Congregación de las Carmelitas Descalzas la acogida en su templo, así como sus rezos por todos los hermanos y apoyo en tantas ocasiones, con la mejor voluntad para el esplendor de la Virgen.

Cuando llegaba el tiempo de Semana Santa se notaba especialmente, pues era un ir y venir una cosa u otra, como por ejemplo, las flores que de Málaga habían venido la noche antes, o los enseres del trono desmontado y guardado aquí durante varios años, luego en la calle La Ermita, hasta que por fin la Hermandad consigue tener su casa en propiedad. Llegado por fin el día de la ornamentación del paso, era un hervidero de hermanos tratando de ayudar en algo, como podrá recordar nuestro cofrade y amigo Salvador Moreno que con tanto agrado y respeto ayudó siempre a mi madre en la colocación de las flores. Tengo un especial recuerdo del activo Secretario de la Hermandad y posteriormente Hermano Mayor D. Miguel Palma Rodríguez tan cercano a mis padres, así como de D. Salvador Velasco, y de otros hermanos más, que tenemos presentes aunque no recuerdo nombres, pues su interés era humildemente amar a la Soledad, sin más, casi nada. No puedo olvidar por supuesto a D. José Parra Grossi fiel devoto de nuestra Virgen. Los últimos años yo ayudaba a mi madre de la que aprendí poco a poco a vestir y adornar a la Virgen y, a su fallecimiento, y por acuerdo de la Junta fui nombrada con gran honor por mi parte Camarera de la Virgen de la Soledad el día 20 de octubre de 1990. Desde dicho día y cada año recibo ayuda de mis hijas en el arreglo de la Virgen y en la ornamentación del paso, cuento siempre con la colaboración de varias hermanas muy eficaces, las cuales además han confeccionado un vestido para Ella en la casa de Hermandad. La labor desarrollada por las distintas Juntas de Gobierno trascurridas desde su creación, han hecho posible que la actual Junta recoja como premio a su fructífera labor la celebración de los actos del cincuentenario.

La Camarera
María Fernanda González Caballero
Leer noticia completa...

Vivencia de una Semana Santa

Entre mi fe y tú recuerdo:

Todo estaba preparado, las luces de los cirios encendidas, los nazarenos preparados para comenzar a andar.

Todo estaba dispuesto, los horquilleros en su sitio esperando el toque del capataz, como un hermano más entre el varal, me sentía conmovido al ver a mi alrededor tantas caras conocidas.

Entre saludo y saludo, levanté la mirada y vi a mi Soledad Me sentí, como alucinado; La vi: Más bonita que nunca, se salía de su belleza.

Pese a su pena, qué bonita estaba mi virgen, esperaba nuestra visita anual.

Yo, la miraba y me decía; ‑ "Que belleza más pura y limpia", resaltaba de esos pómulos bañados por las lágrimas aquella mirada serena y sosegada, me cautivó de tal manera, que mi corazón se abrió a su amor.

Un pecador como yo, no podía imaginar como una simple mirada, me pudiese cautivar. Me despertó de aquella hipnosis, un duro golpe de campana.

‑"Todos en sus puestos"‑ Gritó el capataz,

‑ “Vamos a salir a la calle" Embriagado por el olor a romero y de flores del paso, se oyó‑ “Vamos a la calle con ella" y se oían las voces de los horquilleros: “cuidado con esa esquina", “echémosla a los brazos" bajando los escalones, se oían palmas a rabiar; ‑“Viva la Soledad"‑ Gritaban.

Ya estábamos en la calle, y detrás de mi antifaz, oía a las mujeres que decían: "Mira que bonita va,' 'cuántas flores lleva", qué cara tan bonita tiene". Qué corona, que manto tan bonito. Este horquillero, no cabiendo en sí de gozo y embriagado por tantos piropos hacia su virgen, llora por dentro de emoción.

Comienza el recorrido penitencial, al toque de campana se escucha una voz que dice: "Llevémosla despacito", como si no quisieran regresar.

Al son del tambor, se escucha una garganta, describiendo una saeta entre sollozo y gemido. El capataz, para el paso, y al pararlo no lo bajan de sus hombros, los horquilleros queremos mecerla.

Continuamos el paso, pero despacito, como mimándola al andar, se escucha una voz: ‑"Cómo vamos capataz", el capataz responde: ‑"De dulce, de dulce nos sabe el camino, y no queremos llegar.

Exhaustos por el cansancio los hombros ensangrentados y el cuerpo sudoroso, se oye: ‑ a estamos llegando", Qué, pronto ha pasado todo.

El capataz; para el paso, más que por descansar, por no encerrarnos muy pronto.

Entre contemplación y silencio, al suspirar del cansancio, unos "Olés" de gracias al saetero.

Continuando el paso, estamos llegando al templo.

La puerta está abarrotada de público, mientras estamos llegando, y pensando en la subida.

Por mi mente, pasa todo el recorrido penitencial, y los momentos vividos.

Cuánta emoción por las venas, al llegar a la escalera del templo.

El público está esperando la subida de la Virgen, se encienden las antorchas, y sobre las escaleras, una fila de nazarenos nos escoltan.

Suena la campana; Llega el momento cumbre, ‑“Vamos, un último esfuerzo" Entre gritos de "Olés" y palmas llegamos hasta arriba, con nuestro último aliento, recogemos a nuestra Virgen, entre palmas y alegrías, ‑ “viva la Soledad" se oye, es un rugido con fuerza.

Este horquillero, que se sube el antifaz y entre felicitaciones, recoge unas cuantas flores, levanta la mirada y ve a su Virgen feliz. Con un "hasta el año que viene" , se va despidiendo de todos, mientras regresa a casa, recuerda aquellos momentos grabados en su mente, que dejan huella imborrable, y pensando está en volver.

José María Tirado Ramos
Leer noticia completa...

Poemas a Nuestra Señora: Plegarias a la Soledad

Si la luna está tan alta, SOLEDAD

por debajo pasa el río, SOLEDAD

por debajo pasa el río

de Tu dulce poderío

dominando la Ciudad.



Si la noche fuese día, SOLEDAD

con más soles no contara, SOLEDAD

con más soles no contara

que esos ojos de Tu Cara

que me llenan de piedad.



Si la pena te acongoja, SOLEDAD

y por dentro te maltrata, SOLEDAD

si la pena te maltrata

Tú la vistes de oro y plata

derrochando majestad.



Soledad de negro y oro, SOLEDAD

Soledad de Viernes Santo, SOLEDAD

en los pliegues de tu manto

se te parten de quebranto

alma, vida y voluntad.



Cuando digo que soy tuyo, SOLEDAD

es que al verte me embeleso, SOLEDAD

es que al verte me embeleso

y al decírtelo no expreso

la mitad de la mitad.



Que llorar como Tú lloras SOLEDAD

nadie llora en este mundo SOLEDAD

nadie llora en este mundo

con un gesto tan Profundo

de dolor y suavidad.



Los varales te sostienen SOLEDAD

y te besa la saeta SOLEDAD

y te besa la saeta

esa limpia violeta

de Tu duelo en libertad.



En el clavo de Tus manos SOLEDAD

y en la cuna del pañuelo SOLEDAD

y en la cuna del pañuelo

se te duermen tierra y cielo

sin espacio y sin edad.



Árboles de la Alameda, contemplad

y a los parques de la Gloria, avisad

que la Reina que me en gloria

tiene un trono en la Merced

y se llama SOLEDAD. SOLEDAD.

SOLEDAD.
Leer noticia completa...

Yo fui Mayordomo

Año 1955, comienza mi vivencia como cofrade solo tenía cuatro años. Mi padre con satisfacción y alegría le dice a mi madre "Antonia, hazle al niño una túnica y una capita que quiero que salga el Viernes Santo". Mi madre muy preocupada le dice, "Miguel no crees que es muy pequeño, bueno para que no se canse mucho, lo retiras en el Monte de Piedad", dijo mi padre. Viernes Santo, 11 de la noche calle Lauría andando pausadamente por mi edad, con mucha ilusión y asustado me dirijo a la Iglesia de la Merced acompañado de otro chico llamado Miguel León, que por cierto falleció el año 1998. La foto es testigo de la incipiente pareja de Hermanos.

Pasaron los años, mi interés por la Hermandad se arraigaba cada día más: en mi casa se vivía mucho la Semana Santa, por motivos de la edad esas Semanas Santas iban siendo diferentes. Teniendo aproximadamente 14 años mi padre me comentó qué si quería pertenecer a la junta en la vocalía de filas, y le dije con alegría que sí, para ello me rodeo de amigos míos que me ayudan en todo; un Viernes Santo tuvimos problema a la hora de salir porque no se habían presentado los suficientes horquilleros y tuvimos que cortarnos los capirotes para amoldarlos a los cortos y nos pusimos todos en la parte de atrás del paso.

Tras el paso de los años llegamos a 1972, año desagradable en mi familia: mi padre decide dimitir como Mayordomo. Al año siguiente me llama Cristóbal González Conde, "Tobaliato" para comentarme si a mi me interesaba seguir la tradición de Mayordomo en la Hermandad, yo le dije que era muy joven y sin experiencia alguna, pero que si se rodeaba de algunos hermanos más, me tenía a su disposición para lo que quisiera. Se hizo cargo una junta Rectora dirigida por José María León Cordón.

Yo estuve un año aproximadamente con esta junta, y en el año 1974 me hice cargo como Mayordomo, ya que el cargo de Hermano Mayor lo tenía D. Femando González Gómez de las Cortinas.

En mi mandato tuve que cambiar varias veces de componentes de Junta y puedo recordar a personas que me ayudaron mucho como, José Manuel García de la Vega, Francisco y Roque Bullón Ramos, José María y Alfredo León Cordón, Juan y José del Pino Terroba Salvador Moreno Durán, Enrique Román García, Cristóbal González Naranjo, José María Tirado .... y algunos más que ahora mismo no recuerdo y que ruego me perdonen por no nombrarlos.

Los tiempos fueron difíciles porque la Hermandad económicamente estaba mal, pero por mi juventud y las ganas de hacerlo bien tuve que afrontarlos y empezar a trabajar por el bien de una Hermandad que yo pensaba que tenía que tener su sitio en nuestra Semana Santa Rondeña. Tuvimos que arreglar todo el interior del paso que estaba muy deteriorado: dorados, tulipas, molduras, hacer túnicas nuevas y capas y arreglo de faldones. Visitamos uno por uno todos los hermanos Horquilleros para facilitarle el carnet con el número y sitio que se le había designado.

Pasaron los años y como la Hermandad seguía teniendo falta de dinero pensamos en hacer Hermano Mayor Honorario ala Hermandad de Empleados de Caja de Ahorros de Ronda, "Sagrada Familia", cuyo Presidente era D. Juan Luis de la Rosa Moreno, que accedió gustosamente; una vez efectuado este nombramiento le hicimos llegar a D. Juan Luis la ilusión que teníamos de tener una casa Hermandad.

Un lunes, 8'30 de la mañana, lo recuerdo muy bien, me llama al despacho D. Juan Luis y me dice que una compañera llamada María de la Paz Gamero tenía una cochera en Castillo del Laurel que quería vender; yo entusiasmado tuve una reunión con la Junta de Gobierno para comunicarle que podíamos comprarla y que la Hermandad "Sagrada Familia" nos ayudaría a pagar, tuvimos que sacar un préstamo a bajo interés que nos dio la Caja de Ahorros de Ronda.

Esta cochera nos sirvió para guardar los enseres de la Hermandad que hasta este momento los teníamos repartidos en varios sitios, la junta siguió trabajando por el bien de la Hermandad y para cumplir el compromiso contraído por el préstamo.

Cada año que pasaba me costaba más mantenerme en el cargo, porque año tras año se quemaba uno más y las ideas se terminaban y me sentía cansado, y la Hermandad necesitaba un cambio, tanto de persona como de mentalidad, por lo tanto, tuve que presentar mi dimisión como Mayordomo el día 4 de Febrero de 1988 en cabildo ordinario con carácter irrevocable. Me mantuve en el cargo aproximadamente unos 14 años, mandé una carta a todos los hermanos y hay un párrafo que dice. "Han pasado 14 años desde que me hice cargo de la misma y desde este tiempo ha habido de todo, ratos buenos y malos, alegrías, problemas, pero todo presidido por mi cariño a nuestra Señora en la Soledad, pienso que es tiempo de relevo y de ahí mi dimisión: lo hago por el bien de la Hermandad, hago un llamamiento a todos los Hermanos para que, entre todos, continuemos en la hermosa tarea que nos propusimos el día que ingresamos en la Hermandad, y si saliera un nuevo Hermano Mayor contará con mi apoyo en lo que necesite". Como podéis figurar por estas letras mi sentimiento y mi corazón estaba dolido y triste.

En la Semana Santa del 198 8, la junta rectora, encabezada por Antonio Cabello, se hizo cargo de la misma en compañía de algunos hermanos que le ayudaron, la Hermandad económicamente estaba bien Gracias a Dios, aunque tengo que aclarar que seguíamos debiendo un préstamo por la cantidad aproximada de 478.000 ptas., que a mí no me preocupó ya que le dejaba el patrimonio de la cochera antes mencionada, que se valoró en 2.100.000 ptas., cantidad que hicieron efectiva al venderla y pagar el dicho préstamo, por lo tanto, como he dicho antes la Hermandad gozaba de muy buena salud económica.

Yo seguía ayudando en la venta de loterías y en lo que esa junta me pidiera. En el año 1992 el Hermano Mayor Antonio Cabello me preguntó que si quería pertenecer a la junta y accedí gustosamente, ya que mi persona seguía teniendo el gusanillo cofrade. Sigo vinculado a la Hermandad con el cargo de vicetesorero y Relaciones Públicas, siendo Hermano Mayor Manuel Gazaba Gil, persona que admiro y estimo y del que me considero un gran amigo; gracias a él y a la junta de Gobierno fui nombrado representante por la Hermandad en la Agrupación de Hermandades y Cofradías, y en enero de 1998 fui elegido Presidente por el voto unánime de dicha agrupación.

Si hay algo de lo que me siento orgulloso, aparte de mi mujer y mis hijos, y lo digo de corazón, es de haber pertenecido a esta Hermandad que quiero ­y seguiré queriendo con toda mi alma.

Antonio Palma Cabrera

MI SENTIMIENTO

Semana Santa de Ronda

que desde niño sentí;

hechizo encarnado en mí

como el sarmiento en la cepa:

cuando a mi ser ya no quepa

cantarte cual hago en vida,

porque mi vida, vencida,

esté próxima a expirar

te musitaré al marchar: "Semana Santa querida”.
Leer noticia completa...


Calendario