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jueves, 9 de abril de 2009

Mensaje 2009

Ronda apaga sus olores y enciende sus velas de Viernes Santo para que María, preso el dolor en su rostro, abra las puertas de la Merced; para mecerla, en la noche más gélida y solitaria, bajo el palio infinito de un cielo preñado de estrellas. Para ayudarla, como lazarillo de su ciega tristeza, a bajar las escaleras que la separan de su senda de pasión. (R.V.L.F.)

La noche, muda, la ve caminar a deshora. Volver esquina tras esquina buscandlo al Hijo al que, horas antes, cautivo su cuerpo inerte en un rico ataúd, vio partir, a lo lejos, rumbo al viejo arrabal. La ve perseguir las pisadas que sus pies descalzos, camino al calvario, dejaron impresas sobre las gotas de cera derramadas en la calle; acariciar un rizo de su pelo que quedó atrapado en su vuelo por entre los balcones, aferrarse a la verde rama de un naranjo que, guardo el perfume de su vida entre sus hojas.

El vaho de su garganta, pesaroso y amargo, hace oscilar un lienzo de liviana tela blanca; pliego de seda que, en mano de los Santos Varones, soportó el cuerpo sin vida de Jesús cuando fue descendido del símbolo de su martirio. Paño mecido al son de la luna gris que descansa sobre la más desnuda de las cruces.

No existe consuelo para una Madre que entierra a su Hijo; la muerte, cruel y devastadora, se clava en sus ojos con la fiereza punzante de un millón de espinas, atraviesa su pecho con siete dagas y enluta su cuerpo con un abrazo de terciopelo negro. Hace palidecer cada centímetro de su piel, pero aún asi, no es capaz de velar la infinita luz galana su rostro; belleza de finos rasgos; belleza de grito sordo en labios de mujer; belleza callada de frágil cristal; belleza de negros ojos almendrados; belleza suave y serena; belleza de marfil.

Es tan oscuro su negro dolor que sus manos, tallos de rosas blancas que abren sus pétalos en la noche, ocultan su infinita bondad y dulce aroma plegando sus dedos sobre palmas vacías. Cofrades de María, nazarenos de tergal negro y blancas capas, portan en sus manos, suspendidos en blandos algodones, los símbolos de la pasión que dejó huérfano su regazo. Arropan a su Madre en su desesperanza iluminando el camino para que no se pierda entre las calles; inundando su cara con una explosión de luz cuando sube los escalones para regresar a su hornacina.

María, Reina en la más herida Soledad, se arropa en la noche deslizando su cuerpo sobre el áspero asfalto humedecido por su llanto; se deja llevar acompañada por el seco sonido de una caja en lutada:

Soledad,
sola Soledad en la noche.
Soledad de Cruz desnuda
Soledad de brazos vacíos.

Soledad,
sola Soledad.
Sola de pena,
de angustia y dolor,
dse solitario caminar.

Sola,
Ronda quedó sola,
vacía y sola.
Sola tú y nosotros,
solas las lágrimas de tu rostro.

Sola,
caminas sola
sola Soledad.


Extraído de la Revista Mensaje 2009
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domingo, 16 de marzo de 2008

Poemas a Nuestra Señora: Plegarias a la Soledad

Si la luna está tan alta, SOLEDAD

por debajo pasa el río, SOLEDAD

por debajo pasa el río

de Tu dulce poderío

dominando la Ciudad.



Si la noche fuese día, SOLEDAD

con más soles no contara, SOLEDAD

con más soles no contara

que esos ojos de Tu Cara

que me llenan de piedad.



Si la pena te acongoja, SOLEDAD

y por dentro te maltrata, SOLEDAD

si la pena te maltrata

Tú la vistes de oro y plata

derrochando majestad.



Soledad de negro y oro, SOLEDAD

Soledad de Viernes Santo, SOLEDAD

en los pliegues de tu manto

se te parten de quebranto

alma, vida y voluntad.



Cuando digo que soy tuyo, SOLEDAD

es que al verte me embeleso, SOLEDAD

es que al verte me embeleso

y al decírtelo no expreso

la mitad de la mitad.



Que llorar como Tú lloras SOLEDAD

nadie llora en este mundo SOLEDAD

nadie llora en este mundo

con un gesto tan Profundo

de dolor y suavidad.



Los varales te sostienen SOLEDAD

y te besa la saeta SOLEDAD

y te besa la saeta

esa limpia violeta

de Tu duelo en libertad.



En el clavo de Tus manos SOLEDAD

y en la cuna del pañuelo SOLEDAD

y en la cuna del pañuelo

se te duermen tierra y cielo

sin espacio y sin edad.



Árboles de la Alameda, contemplad

y a los parques de la Gloria, avisad

que la Reina que me en gloria

tiene un trono en la Merced

y se llama SOLEDAD. SOLEDAD.

SOLEDAD.
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domingo, 16 de abril de 2006

Poemas a Nuestra Señora: Ronda la vio pasar

Por la ciudad de Ronda, la Soledad va en silencio,
la llevan sus horquilleros llorando y con paso lento.
La gente la ve pasar ahogada en sentimiento,
y sin enaltar la voz de una garganta rugiendo,
se escuchan unos cantares de saetas describiendo.
¡Madre! ¿Qué vas buscando a tu hijo que está muerto?
¡Soledad!. Lo bajaron de la cruz envuelto en un blanco lienzo.
Horquilleros que lleváis a la madre de Dios muerto,
llevadla con gran cariño, con ternura y sentimiento,
porque la madre de Dios no se merece menos.
¡Soledad!. Se acabó el camino de tu busca y desconsuelo,
estas llegando a tu templo.
Tu hijo te está esperando porque resucitó de nuevo.

José María Tirado

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lunes, 15 de marzo de 2004

Poemas a Nuestra Señora: Prosa a María Santísima en la Soledad marzo, 2004

Ya se van apagando las últimas voces que suenan a las puertas de la Iglesia de La Merced; ya los niños a hombros de sus padres para ver a la Virgen, preguntan a éstos cuando va a salir la Madre de Jesús; ya los ancianos, esos que tantas veces la han visto salir, piensan en que a ellos, en ocasiones, también les invade la Soledad; y esos jóvenes, el futuro de Ronda, esperan con ansia, la misma que tienen por vivir, que los portadores de trono saquen a hombros a esa Soledad a la cual se van a dirigir para que les guíe. Y así, entre la multitud, se va adentrando María Santísima en la Soledad, y por fin se abren las puertas y, con el cielo teñido de negro, pero lleno de estrellas que iluminarán el recorrido de esta procesión, se ve la Imagen de nuestra Madre a las puertas de La Merced. Ahí viene nuestra Virgen, sólo la acompaña su Soledad y la de cada uno de los que allí estamos; ahora es el momento de dedicarnos unos minutos de Soledad y Silencio a nosotros mismos y a esa Virgen que nos mira desamparada, sola...
El trono viene adornado por la más bella de las flores que se halla en el centro, y que no es otra que la Imagen de María Santísima en la Soledad. Otras flores la rodean, admirando su belleza y envidiosas de querer tocarla. Flores, flores de color blanco y rosa que iluminan un poco más el camino. Un recorrido estremecedor, de esos que uno revive nada más con recordarlo, un camino en el cual iremos dejando todo aquello que nos corroe para dejar paso al amor y a la gloria de una Resurrección que ya se aproxima. Y María espera en la escalinata de la Iglesia, porque la procesión del Santo Entierro ya enfila la calle Armiñán, para volver al Barrio San Francisco. Comienza la procesión, Ronda está vestida de luto, un luto riguroso por la Muerte de Cristo y por la Soledad de su Madre. Pero hay otra Soledad aún peor, aquella que llevan muchos hombres y mujeres en su corazón, una Soledad que a veces sólo la puede llenar la imagen de Nuestra María Santísima de la Soledad, paseando por las calles de Ronda.

Así es como veo yo, en líneas generales a esta Hermandad y a sus Sagradas Imágenes, pero este año pretendo llegar más allá, pretendo conocer esa parte que no se ve desde fuera, pero que, en realidad, es la más importante y maravillosa: el trabajo de todo un año, el trabajo y el sentir de la gente de la Hermandad, y de toda la ciudad de Ronda. Si ustedes me permiten y me abren, además de las puertas de su Hermandad, las de su corazón, yo puedo decirles que será para mí un gran orgullo el seguir trabajando por lo mío y el comenzar a vivir y sentir esta Hermandad más con el corazón y menos con la mente.


Porque ser cofrade, sentir y vivir una Hermandad, sólo puede ser transmitido cuando se siente de verdad lo que se hace, y cuando lo que se hace se hace más con el corazón, que con la mente. Porque todo tiene su principio y su fin, pero para aquellos que amamos tanto la Semana Santa, sería nuestro mayor deseo, el permanecer, uno de esos días de la Semana Mayor, contemplando el eterno amanecer de los primeros, fuertes y tímidos pasos de nuestra Hermandad.

Cristina Badillo Serrano
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viernes, 15 de marzo de 1996

Poemas a Nuestra Señora: Saetas habladas a María Stma. en la Soledad, marzo 1996

Ya el tambor ha enmudecido,
las velas parpadeando
consumiendo sus pabilos
queriendo ser mudos testigos
del drama del Viernes Santo.

Soledad. Ya estás aquí.
Quizás me tiemble la voz,
porque al verte de venir
he comprendido el dolor
que has tenido que sentir.

Porque siendo tú, Señora,
Madre del Verbo Divino,
recorre las calles sola
adornada con corona
que han bañado en oro fino.

¿Para qué quiere corona
la Madre del Redentor
si la dejamos tan sola
traspasada de dolor?

Sola, sin tener consuelo
al pie de una cruz desnuda,
mientras que el Rey de los Cielos
le están dando sepultura.

Sola,
siendo tú, nuestra esperanza,
Madre llena de aflicción,
por el puñal que traspasa
de pena tu corazón.

Soledad: no llores más.
¿No estáis viendo su dolor?
¡¡Quitarle ya ese puñal,
quítaselo, capataz!!
Que ya es bastante dolor
el llevar su Soledad.

¡¡Ay!! Madre, que sola estás
dolorosa y afligida.
¿Es posible, Soledad,
que viéndote dolorida
no te pueda consolar?

Y más, nuestra titular,
que siendo Reina y Señora,
se encuentra afligida y sola
llorando su soledad.



Pero no. Sola no estás
que cuentas con el esfuerzo
el cariño y el afén
de la Junta de Gobierno
y de toda la Hermandad,
y tienes a tus horquilleros,
que estos no te dejarán.

Tú que sabes que son tan buenos
has podido adivinar
en sus labios un te quiero,
bajo ese negro antifaz
con el que el rostro cubrieron.

Son tradiciones de siglos
que en Ronda rememoramos.
Herencia de padres a hijos
que han seguido siendo hermanos.

Precisamente este día
quiero dejar un recuerdo
de personas muy queridas,
que se fueron para "arriba"
y esta noche os etán viendo.

Y que han abierto otra vez
los ventanales del cielo,
porque hoy la quieren ver,
los hermanos que se fueron.

Siempre esperan este día
para consolar su llanto.
Tú lo sabes, Madre mía,
que ellos no te faltarían
la noche del Viernes Santo.

Y les ha dicho el nazareno,
que dejes ya de sufrir,
que el Cristo se fue a los cielos
pero volevera a venir.

Y en ese día tan grande,
rodeada de luceros,
al verte, te dirá, ¡¡Madre!!
porque ellos lo merecieron,
aquí estoy para abrazarme
con todos los horquilleros.

Poemas recopilados de "Mi Rezo en Verso" José Mª. León Cordón
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miércoles, 15 de marzo de 1995

Poemas a Nuestra Señora: Pregón Semana Santa de Ronda, Marzo 1995

[...]
Soledad

La noche del Viernes Santo
en la iglesia La Merced
a una Madre pueden ver
sola, inundada en llanto.

¿Os habéis fijado bien
que antes de morir el Señor
la carita de la Virgen
tiene distinta expresión?

Es una cara angustiada
que mira a un punto fijo,
nos pregunta horrorizada:
¿Qué vais hacer con mi hijo?

Y hoy podemos comprobar
que está la Madre querida,
dolorosa y afligida
llorando su Soledad.

Se la ve tan agobiada
traspasada de dolor
y ante el crimen resignada,
que cambiando de expresión
nos dice con su mirada:
¿No habéis tenío compasión
para el Hijo de mi alma?

Tremenda es la acusación;
y con esta interrogante,
dolorosa y suplicante
es sacada en procesión.

A las diez se abren las puertas
y un hermano con amor,
le ha cantado la saeta
que ya es una tradición.



Ya te vas Virgen bendita,
y entre cánticos y rezos,
quedan aquí las monjitas
de la orden Carmelita
esperando tu regreso.

Qué pausado caminar
marca el ritmo del tambor.
¡¡Soledad!! qué triste vas.
¿Quién te clavó ese puñal
que es causa de tu dolor?
Si lo tiene que llevar;
Camarera, déjame
que yo le ponga el puñal.
De tal forma lo pondré
que nunca le dañará.

Porque si el dolor es grande
cuando se está en soledad,
lo terrible es de verdad
la soledad de una madre.

La comitiva regresa
lleva su paso lento,
mientras unos hermanos rezan
expresando el sentimiento.

Viendo al cansado horquillero,
desde mis propias entretelas,
les pido el último esfuerzo
pa´ subir las escaleras
y recogerla en su templo.

Ya recogiéndola están
llevándola entre los brazos
mientras grita el capataz:
Ya hemos llegado, ¡¡despacio!!
que entre el trono y el portal
tenemos muy poco espacio,
que no nos venza el cansancio.
¡¡Qué esta es nuestra Soledad!!
[...]

Poemas recopilados de "Mi Rezo en Verso" José Mª. León Cordón
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lunes, 15 de marzo de 1993

Poemas a Nuestra Señora: A María Santísima marzo, 1993

Las gracias tengo que daros
por este grato homenaje
en nombre de los hermanos,
que acogerán en sus manos
el cuadro de nuestra imagen.

Antes ya lo recibieron
otros que no están presentes
y que aquí nos precedieron,
pero que están ausentes.

Hermanos que ya se fueron
porque les llegó la hora;
pero nos queda el consuelo
de que estarán en el Cielo,
contemplando a la Señora,

porque en la tierra cumplieron
hasta el día de la cita
y unas manos los cubrieron,
repletas de amor y celo,
con su bandera Bendita.

Y hoy estos hombres que llevan
las riendas de la Hermandad
haciendo una nueva entrega
de un cuadro que al alma llega,
nos quiere agasajar.

Vosotros si que en verdad
lo tenéis bien merecido,
pues trabajáis con afán
luchando por la Hermandad
y no sois correspondidos.

Conseguisteis rescatar
estando casi olvidada
la historia de la Hermandad
y el año que fue fundada.

Tenemos conocimiento
sin temor a error alguno,
que fue en mil setecientos,
en el año veintiuno.

Y aunque otros hombres fueron
pioneros en la Hermandad,
vosotros sois el relevo
que quiere La Soledad.

Seguid con vuestra ilusión
aunque a veces falten fuerzas,
que es tan grande esa labor,
que la Madre del Señor
os dará la recompensa.

¿Qué Madre no se merece
que su hijo la defienda
que se esmere, que se esfuerce
y que trabaje por ella?

Y más, nuestra titular,
que siendo Reina y Señora
se encuentra afligida y sola,
llorando en su Soledad.

¿No veis cual es su quebranto?
Yo quisiera ser pañuelo
y enjugar tu dulce llanto,
para llevarte consuelo
la noche del Viernes Santo.

Porque el Domingo de Ramos
cuando a la calle se asoma,
le llamamos los cristianos
La Virgen de la Paloma.

Y ya el lunes por la tarde
cuando el pueblo fiel te reza,
eres Tú Divina Madre
Consuelo de las Tristezas.

Así, pasando las horas
la Semana Santa avanza,
y Ella es la Reina y Señora:
La Virgen de la Esperanza.

El miércoles la llamamos
Madre del Mayor Dolor
mientras que la contemplamos
a los pies del Redentor,

Y es tanto lo que nos ama,
que bajo otra advocación
también en Ronda la llaman
Señora del Buen Amor.

La noche del Jueves Santo
pedimos entre clamores,
promesas, saetas y llanto
que nos cubra con tu manto
¡¡Ay!! Virgen de los Dolores.

Y el viernes, trágico día,
tiene una pena tan honda
que compartimos en Ronda
las Angustias de María.

La invocan de muchos modos,
y tantos nombres le dan,
que el más terrible de todos
es su nombre: ¡¡Soledad!!

Tú lo sabes, Madre Buena,
terrible es la soledad
de esas madres que contemplan
a tantos Cristos en la Tierra
sin poderlos levantar.

Dímelo Madre apenada:
si fuiste corredentora
en la redención humana,
¿por qué Reina Soberana
hoy te has quedado tan sola?

Sola, sin tener consuelo
al pie de una cruz desnuda,
sufriendo el trágico duelo,
mientras que el Rey de los Cielos
le están dando sepultura.


¡¡Sola!!
siendo Tú nuestra esperanza,
Madre llena de aflicción
por el puñal que te traspasa
de pena, tu corazón.

¡¡Ay!! Madre, qué sola estás,
dolorida y afligida.
¿Es posible Soledad,
que estando tan dolorida
no te pueda consolar?

Pero no, Virgen Bendita,
que tu no te quedas sola,
porque están esas monjitas
de la Orden Carmelitas
rezándote a todas horas.

Monjitas que noche y día
te están haciendo compaña
tras la doble celosía,
doliéndole las herías
del Hijo de tus entrañas.

Madre que velan y rezan,
y tanto a tu Hijo quieren,
que piensan estas mujeres
igual que Santa Teresa.
Que mueren... porque no mueren.

¿Lo ves como no estás sola?
Es que Cristo te nombró
nuestra Madre y Protectora,
abogada y defensora
el mismo día que murió.

Cuando estos versos te digo,
yo te pido, Soledad,
por mis hermanos y amigos
y por todos los demás,
que encontrándonos afligidos
Tú nos puedes consolar.

Te pido de corazón
que la tentación no toque
a un niño que se marchó.
Aumenta su vocación.
Haz que sea buen sacerdote.

Yo sé que sin merecerlo.
Mientras la estaba mirando,
aunque les cueste creerlo,
la Virgen me estaba hablando.

Me ha dicho con impaciencia,
que vengamos a rezar
con alguna más frecuencia,
que Ella nos protegerá.

Y humildemente contesto,
que como seres humanos
ninguno somos perfectos,
y a veces aunque queramos
no cumplimos los preceptos.

Pero hoy puedes contemplar
la iglesia llena de fieles
que venimos a rezar,
porque el rondeño te quiere,
no lo vayas a dudar.

¿Recuerdas cuando tu Imagen
es sacada es procesión?
Mientras las puertas se abren,
rompe una saeta al aire
que ya es una tradición.

Y cuando en la calle ya,
emprende su recorrido,
va con tanta majestad
que los corazones están
conteniendo los latidos.

Corazones que suspiran
una vez que ha regresado,
viendo al hermano de fila,
anónimo encapuchado
que con trabajo respira.

Y llega la hora suprema.
Los hermanos horquilleros
la suben por la escalera
con brazo firme y sereno
entre bengalas y cera.

Y se escucha al capataz
que va diciendo: ¡Despacio!
que entre el trono y la fachá
tenemos muy poco espacio.
Que no nos venza el cansancio,
que Ésta es nuestra Soledad.

Cuando está a punto de entrar
llevándola entre los brazos,
la gente no aguanta más,
y la plaza a rebosar,
estalla en un fuerte aplauso.

Y es que la escena se siente,
por el misterio que encierra
la vida del penitente.

Son las cosas de esta Tierra.
Son las cosas de tu gente
que esta noche te pedimos
para ya finalizar:

Como fuimos redimidos,
cuando nos veas deprimidos
no nos dejes, ¡¡Soledad!!

Conclusión:

Pongamos nuestros sentidos
en esta estrofa final:
si lo que aquí te decimos,
con fe se lo hemos pedido,
¿Ella nos va a abandonar?

Poemas recopilados de "Mi Rezo en Verso" José Mª. León Cordón
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domingo, 19 de abril de 1987

Poemas a Nuestra Señora: Poesía a la Virgen de la Soledad

Empapá de madrugá
quítate ese manto negro
virgen de la Soledá,
porque te arropa el silencio
y no necesitas más.

Anoche a la Soledá
le vi una lágrima nueva
de una pestaña colgá.

Joaquín González Estrada
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